divendres 31 de juliol de 2009

diumenge 19 de juliol de 2009

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divendres 10 de juliol de 2009

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NO L'ABOCADOR DE LLANERA! Demà tots a la manifestació en contra de l'abocador de Llanera. A les 19'30 des de la plaça de l'Espanyoleto de Xàtiva!

dijous 9 de juliol de 2009

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Interessant article d'opinió de Mª Dolores Amorós: ¿Qué pensará Rus del caso Camps?

El Ribera més car

Aquesta obra de Josep de Ribera, anomenada "Prometeo", és l'obra més cara del artista xativí també conegut com l'Espanyoleto. Concretament, s'ha venut per 3'85 milions de lliures (4'45 milions d'€) en una subasta de Sotheby's realitzada ahir en Londres. Segons els experts, aquesta obra és un dels precursors dels titans que el valencià va pintar en la década de 1630, els altres dos s'exposen en le Museu del Prado.

Ribera amb els Borja, el Diputat Villanueva i el Cosmògraf Ramírez, és un dels xativins més il·lustres i més influent en la historia d'Europa. Ell, malgrat pintar la major part de la seu obra a Italia, sempre reivindicà els seus orígens al signar els quadres amb el seu nom i al costat: "español o setabense".

Personalment, hem senc molt orgullós d'haver nascut en la mateixa ciutat que un dels grans de la pintura. Crec que és molt important reivindicar la magnitud de la seua figura i difondre la seua espectacular obra, de manera que tot el món conega la gran aportació feta per Ribera a les arts plàstiques.

Per a més informació, ací teniu l'enllaç de la noticia del Levante: "Ribera bate todos sus récords".

dilluns 6 de juliol de 2009

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Ceremonia

Pel seu interès, reproduïsc l'article d'opinió d'Alfons Cervera publicat ahir en el Levante. Fa referència al sistema emprat pel President de la Diputació de València per al repartiment de beques. Espere que vos agrade.

CEREMONIA

La cultura no le importa a casi nadie. O a nadie. Es como un marco que no enmarca nada. Como una especie de orla de fin de carrera en que se han desdibujado las fotografías por el paso del tiempo pero se sigue manteniendo en el comedor de la casa para mostrar a los visitantes, con un orgullo hortera, el linaje estudiantil de la familia. Sin embargo, hay veces en que la cultura se erige en protagonista de una historia. Y ese protagonismo, en vez de llenarte de una honda satisfacción, te provoca sarpullidos de vergüenza.

La Diputación de Valencia había convocado unas becas para trabajar en los departamentos de cultura de los ayuntamientos. Un público joven se apuntó para recibir esas becas, la mayoría para desarrollar esa tarea en sus propios pueblos. Trabajar en julio, agosto y septiembre con un contrato a seiscientos euros cada mes. La convocatoria ya venía de años anteriores pero esta vez se habían inventado los de la corporación presidida por Alfonso Rus una novedad. Los aspirantes a recibir esas ayudas debían participar en un acto de lo más extraño: como si se tratara de una de esas rancias ceremonias que se celebran a final de curso en los colegios de ricos, el presidente en persona les entregaría su carné de becarios. Para eso, fueron todos convocados a esa pomposa ceremonia. Con una exigencia de cumplimiento imprescindible: si no asistían al acto se quedaban sin la beca.

Y allá que se presentaron los confusos aspirantes. Un sol de justicia en la Plaza de Manises. Grupos humanos buscando el agradable y escaso refugio de la sombra. Y luego la aparición estelar del señor presidente. La megafonía en su punto, la dramaturgia bien dispuesta en todos sus detalles, allá que aparece Alfonso Rus rodeado de sus fieles. Como si fuera el rey, recibe uno por uno a los congregados. Y les entrega su carné de becario, un polo de algodón con la enseña del programa de ayudas y un vaso de horchata con fartons. Misión cumplida. Durante varios días la ceremonia se repitió con la asistencia de las diversas corporaciones locales y sus becarios.


Es la pleitesía que exigen los dictadorzuelos de nuevo cuño, atacados además -como es el caso de Rus- por un desasosegante complejo de inferioridad. La cultura les importa un pito, pero no su representación. Sólo les importa lo que la cultura tiene de parafernalia hueca y engañosa, de ornato vacío, de orla anacrónica en que las fotografías han desparecido con el paso de los años. Si hay un personaje más zafio y enemigo de la cultura en el paisaje de la política valenciana actual es el presidente de la Diputación de Valencia. El lenguaje que usa en sus intervenciones es el atrabiliario de los déspotas, el de la demagogia populista, el que sólo conoce para expresarse los acentos del insulto. Sin embargo, ha sentido el arrebato de presentarse en público como un repartidor de cultura. Y no ha tenido ningún empacho en humillar a quienes tienen necesidad de un trabajo y seguro que lo van a ejercer estos meses de verano con una dedicación a prueba de bomba. Si quieres ese trabajo, ven a recibir mis bendiciones: ésa y no otra era su consigna. Y aún más: no es la Diputación la que te concede la beca sino yo mismo. Así es él: sólo le faltó exigir que le besaran la mano, como a los curas de antes.


La cultura no le importa a nadie, ya se sabe. O a casi nadie. Ni quita ni da votos en las elecciones. Por eso resulta más indecente todavía que alguien como Rus la convierta en un homenaje al despotismo, en una lanzadera contra el respeto que se merece la ilusión de unos jóvenes que tienen ganas de potenciar en sus pueblos la cultura, en una representación obscena de la vulgaridad y la chabacanería. ¿Hay quién dé menos? Seguro que no. Seguro.